«Recuerdos olvidados»

En el acogedor interior de un bar de la zona de Martínez, Leo se encontraba compartiendo algunas bebidas junto a una joven muchacha. Llevaban ya un buen rato en el lugar cuando finalmente decidieron que era hora de retirarse y se dirigieron hacia la puerta de salida. El frío aire nocturno los recibió al llegar al exterior, recordándoles que el calor del interior del lugar era sólo artificial. La Avenida del Libertador se extendía frente a ellos con su habitual movimiento de un sábado por la noche. Leo había concurrido al lugar en su moto. Usualmente no solía ingerir alcohol cuando se movilizaba de esa manera, sin embargo aquel día había bebido un poco.

La muchacha que lo acompañaba había decidido volver a su casa en colectivo así que él la acompañó hasta la parada del mismo y aguardó hasta que se hubo marchado. Tomó entonces su motocicleta y emprendió el regreso hacia su casa que, si bien no estaba lejos, se ubicaba a una distancia suficiente como para desear que estuviese más cerca.

El casco en su cabeza brillaba al reflejar las luces de la calle a medida que avanzaba en su recorrido. No veía la hora de llegar a casa, deseaba acostarse cuanto antes. Había elegido un camino que lo llevaba por calles internas con el objeto de evitar los semáforos de la avenida. De pronto, al doblar en una calle, comenzó a percibir algo extraño. El frío reinante en el ambiente había disminuido abruptamente y la temperatura se elevaba a valores de características veraniegas. Esto llamó su atención aunque supuso que tal vez fueran ideas suyas. No obstante, unos metros más adelante comenzó a percibir algo más. Los vellos del cuerpo se le erizaron como si de repente hubiese aumentado la carga eléctrica en el aire. La situación empezaba a preocuparle, la sensación en su cuerpo le indicaba que algo no estaba bien. Necesitaba salir cuanto antes de ese lugar. Aceleró su vehículo para alejarse lo más rápidamente posible de allí. Dobló en la primera esquina buscando escapar pero un fuerte sonido similar a un látigo golpeando por detrás de él lo hizo voltear la mirada con un temor que se hacía cada vez más explícito. Observó la calle a sus espaldas sin dejar de acelerar y no vio nada extraño, sin embargo, cuando regresó la vista hacia adelante, pudo advertir un conjunto de arcos eléctricos relampagueando en medio de la calle, veinte metros delante de él. Entre medio de los rayos apareció un pequeño círculo luminoso que rápidamente fue aumentando de tamaño como una creciente espiral. Se veía como una galaxia abriéndose específicamente delante de él. Intentó evitar la zona pero la velocidad que traía le impidió maniobrar a tiempo, iba en curso directo hacia el extraño fenómeno y ya no había nada que pudiese hacer para evitarlo. Resignado, cerró los ojos y atravesó el cúmulo luminoso sin saber qué le deparaba al impactar contra este. Entregado, cruzó el umbral sintiendo automáticamente una brusca disminución de la temperatura ambiente. El helado viento que lo golpeaba le indicó que la moto seguía avanzando. Se atrevió entonces a abrir los ojos y se encontró con una pared blanca a escasa distancia de su trayectoria. Haciendo uso de sus reflejos, giró la moto y apretó los frenos tratando de evitar el impacto. El pequeño vehículo se puso de costado, derrapando sobre un suelo de extraña contextura hasta que finalmente logró detenerse sin golpear la barrera que le cerraba el camino. Se desmontó de la motocicleta algo aturdido y se quitó el casco. El frío era intenso y cada segundo que pasaba se volvía más penetrante e inaguantable. Echó un vistazo a su alrededor y notó que todo era blanco en el lugar, aunque no como una construcción humana sino más bien como una caverna helada. Algunos aparatos que no llegó a reconocer ocupaban la parte central del recinto mientras que otros iluminaban con intensidad la blanca caverna. Intentó avanzar hacia ellos pero el frío era demasiado y su cuerpo no lo resistía. A poco de dar el primer paso cayó al helado suelo abrazándose a sí mismo, buscando conservar el poco calor corporal que aún le quedaba. Los labios se le pusieron morados y la hipotermia acechaba su vida. De pronto sintió una presencia acercándosele. No tenía fuerzas para moverse a mirar quién o qué era, sin embargo sintió un enorme regocijo al percibir que aquella presencia colocaba sobre él una especie de manta muy abrigada con la que lo envolvió. Esa sensación de protección provocó que se relajase por un instante y perdiera el conocimiento.

La claridad lo encandiló cuando sus pupilas intentaron adaptarse a la intensidad de la luz del lugar. Cubrió sus ojos con los brazos y percibió que la temperatura era ahora más agradable. Se encontraba en un lugar más pequeño que el anterior, acostado entre una acumulación de mantas sobre el piso que lo ayudaban a recuperarse del golpe de frío recibido.

—¿Cuomo tie senties? –preguntó una extraña voz detrás de él. Sus palabras sonaban forzadas y torpes como las de un extranjero que recién está empezando a hablar el idioma castellano.

Leo se incorporó con dificultad hasta quedar sentado sobre las cobijas que lo arropaban y volteó la cabeza para ver quién era la persona que le hablaba. La figura que se hallaba frente a sus ojos lo dejó perplejo. Un ser de aspecto humanoide se acercaba lentamente a su posición. Su apariencia era imponente, su altura superaba por mucho la de un ser humano. Sus orejas eran rosadas y resaltaban dentro del contexto de la piel blanca que cubría el resto de su cuerpo. Sus manos eran pequeñas en las palmas pero tenían dedos delgados y alargados. El ser se acercaba suavemente, como si tratara de no asustar a su visitante. En el rostro de Leo se dibujaba una expresión de sorpresa mezclada con un dejo de temor aunque algo en los ojos felinos de quien lo acompañaba le transmitía una creciente sensación de paz y confianza.

—¿Tie senties mejor? –insistió la criatura ante la falta de respuesta.
—Sí, estoy bien, un poco golpeado nomás –respondió Leo tocándose la cabeza y percibiendo que no llevaba puesto el casco— ¿Dónde estoy?
—Estias ein un lugar segurio por el momentio. Mi nombrie es Aurnok.
—¿Qué me pasó?
—No deberías estiar aquí…
De pronto escucharon fuertes ruidos provenientes de una distancia relativamente cercana.
—¡Vamios! ¡Ya no es segurio aquí! ¡Rápidio!

Leo no entendía nada de lo que sucedía pero la urgencia con la que le hablaba el ser que lo había salvado le indicaba que debía apresurarse. Se puso de pie velozmente pero aún no estaba lo suficientemente recuperado y se tambaleó al incorporarse. Aurnok se acercó y lo ayudó a avanzar. Se retiraron del lugar pasando por una recamara exterior en la cual estaba la moto estacionada sobre uno de los costados. La criatura dirigió un dispositivo hacia la motocicleta mientras pasaban y esta se desvaneció ante sus ojos. La temperatura había disminuido considerablemente una vez abandonado el recinto donde la recuperación tuvo lugar.

—¡Rapidio! ¡Van a llegair en cualquier momentio! –insistía Aurnok casi con desesperación— ¡Deben haber decubiertio que cruzastie para este ladio!

Se movían lo más rápidamente posible tratando de salir de allí cuanto antes. Finalmente llegaron a una compuerta que se abrió delante de ellos dejando a la vista un exterior con una oscuridad abrumadora. La luz que escapaba del interior a través de la compuerta abierta iluminaba tibiamente los suelos de hielo que se extendían ante ellos. La nieve caía continuamente y la visión era muy limitada. Aurnok se detuvo antes de cruzar el umbral y le dio a Leo un abrigo muy grueso. Él contempló por un momento el despiadado estado climático que tenía ante sus ojos, luego volvió la mirada hacia quien lo acompañaba con la esperanza de que hubiera otra alternativa y le dijo:
—¿Me estás hablando en serio?
—Póntelio, no soportarías el frio de otria formia.

Leo se abrigó, resignado y juntos salieron al helado ambiente al otro lado de la compuerta. La nieve acumulada sobre el suelo era mucha y sus pies se hundían hasta las rodillas mientras intentaban avanzar sobre la superficie. Evidentemente el abrigo que le había provisto era de un material muy particular porque le permitía resistir temperaturas extremas. ¿Dónde se encontraba? ¿Cómo había llegado hasta allí? y ¿Quién era Aurnok? Las preguntas se multiplicaban en su cabeza mientras seguía su camino entre la nieve iluminado por un suave destello de luz que emanaba uno de los dedos de su acompañante. Sea como fuese, no podía detenerse allí. Aurnok, sin embargo, parecía tolerar perfectamente esa clase de clima y se deslizaba sobre el helado manto blanco casi sin tocar el suelo. De repente sintieron un fuerte ruido a sus espaldas. Aurnok lo tomó del brazo con fuerza y le dijo:
—¡Allí, siguemie a esa cavernia!

Sus palabras se desvanecían rápidamente, esparcidas por las violentas ráfagas de viento que iban aumentando su intensidad.

Sin poder hablar, Leo hizo lo que le pedían y ambos se esforzaron por llegar a destino. El viento los obligaba a afirmarse como pudiesen y en más de una ocasión perdieron de vista el lugar a donde iban. Finalmente lograron llegar. La caverna ofrecía un importante refugio contra el viento y la nieve. Se internaron poco a poco en ella y se detuvieron en una de las recámaras internas. Aurnok encendió fuego sobre el suelo con un leve movimiento de sus manos e inmediatamente se alejó de éste. Leo, por el contrario se acercó velozmente a las llamas. Una vez que sintió la temperatura subir se dirigió nuevamente a su acompañante:
—¿Me vas a decir ahora qué es lo que está pasando?

La criatura rodeó la fogata que había iniciado y se acercó a la parte de la cueva que conducía al exterior. Se asomó intentando cerciorarse de que nadie hubiese ingresado en la caverna y luego volvió hacia donde se encontraba Leo.

—No sé cómo pedirtie disculpias —le dijo. Se notaba el esfuerzo que hacía para pronunciar cada palabra de manera que se entendiera lo que decía—… todo estio ha sido un errior, tú no deberías estiar aquí. ¿Has podidio superiar el frío?
—Sí, sí, el frío va pasando… —dijo acercándose más al fuego— igual seguís sin contestarme, eso de que no debería estar acá es obvio y ya me lo dijiste, decime otra cosa… ¿Dónde estamos?
—Estio es lo que ustedies llaman “El Polio sur”
—¿El polo sur? ¿Posta?
—No compriendo la palabria “Postia”… pero sí, es el Polio Sur.
—Es el único lugar de estie planetia en el que podemios sobrevivir por ahoria… sin este trajie que llevo puestio mi cuerpio se derretiría en pocos instánties.
—¿Y quiénes son ustedes? ¿De dónde vienen?
—Déjamie que te expliquie: Nosotrios somos originialmentie del planetia Orifien, o como ustedies lo llaman, Júpitier. Nuestrio pueblio debió escapar de allí a raíz de la terriblie nube coloradia que recorrie la superficie convirtiendio en polvio a todo ser vivio que toquie. Tuvimios que escapar de allí anties que destruyia a toda la población. Fue entoncies que nos refugiamios en lo que ustedies llamian “Martie”, pero es un lugair hostil y sufrimios muchio tiempo hastia adaptarnios a sus altas temperaturias, al menios altas para nosotrios. El sufrimientio se prolongó demasiadio y algunios, lideradios por el capitián Krouk, comenzarion a plantear que debíamos mudarnios de planetia nuevamentie. Decían que en La Tierria la temperaturia era demasiado altia pero que con nuestria tecnología se podía llegar a solucioniar. El problemia fue que, para eso, era necesario eliminiar a la razia humania…

El rostro de Leo estaba petrificado debido a las noticias que estaba recibiendo. El gesto torcido de su boca traslucía lo estupefacto que se sentía. Aurnok se detuvo un momento esperando la reacción del asombrado humano quien, pasados unos segundos dijo:
—¿O sea que ustedes están acá para matarnos a todos?
—La idea no es específicamentie matarlios… en realidad morirían solios una vez que adaptemios la temperaturia del planetia a nuestrias necesidadies.
Leo se quedó helado, no por la increíblemente baja temperatura ambiente sino por las terribles palabras que oía. Inmediatamente se puso a la defensiva:
—¿Y entonces para qué me ayudaste? ¿Estás jugando conmigo?
—No, es que no comprendies… nuestria civilización se encuentria partidia… cuandio surgió estie movimientio de conquistia, muchios nos opusimos. Intentamios hacer ver a los demás que estie era un planetia habitadio y que no era la maneria de hacer las cosias. El problemia fue que a medidia que las condicionies de Martie se hicierion más adversas, la voz de los promotories de la conquistia fue ganandio adeptos. Estio fue así hasta llegar a dividir a la población en “conquistadories” u “opositories”. Yo perteniezco a los opositories. Estamios aquí tratandio de detenier el plan de Krouk para conquistiar La Tierria.

La expresión de Leo cambió pero no su asombro.

Todo era demasiado extraño pero no le quedaba otra opción que confiar en lo que le decía Aurnok, al menos por ahora, ya que no podía huir hacia ningún lado en aquellas circunstancias. El ser de Júpiter prosiguió con su explicación:
—Kruok lanzió un plan sistemático para tomiar contriol del planetia. La primeria etápia fue llegar hasta aquí sin ser detectadios y construir una base en el único luigar dondie podemios subsistir por ahoria: el polio. De allí acabamios de escapiar.
—¿Querés decir que vos no trabajabas en ese lugar donde te encontré? ¿Estabas infiltrada?... ¿o infiltrado?
—Precisamentie, como no pudimos evitar la concreción de la primeria etápia, nos lanzamios a tratar de detiener la segundia.
—¿Y cuál sería esa segunda etapa?
—Poner en posición una serie de dispositivios desparramadios por diferenties partes del mundio. El objetivio es prepariar la tecnología necesaria para bajar bruscamentie la temperaturia del planetia. Desde esta base se abren portalies a través de los cualies se trasladian los elementios necesarios hacia tres puntios del globio. Yo acabio de boicoteair uno de ellios. Lamentablementie, por accidentie, el puntio de aperturia del portal se movió y apareció frentie a ti.
—¿Pero qué es lo que van a hacer, tirar hielo por todo el mundo para bajar la temperatura? —Leo intentaba cortar un poco con la seriedad del tema pero la respuesta de Aurnok le borró todo rastro de optimismo.
—No —explicó con calma— los tres dispositivios se conectian directamentie con otrios ubicadios en Júpitier. La tercera etapa del plan es dispariar una onda de atracción electromagnétiquia que logrie separar a La Tierria de su órbitia y la coloquie en una diferentie: entrie Júpitier y Martie. De esa maneria nuestra razia podría aprovechiar los beneficios del planetia y acondicionarlo a nuestrias necesidadies.
—¡Uy… qué garrón!

Leo se tomaba la cabeza incrédulo. Pensaba en lo imposible que aquello sonaba. Hasta hacía unas horas era una noche como cualquier otra en que volvía a su casa, sin embargo, de pronto y sin que nadie le advirtiese, todo había cambiado para siempre. No podía quedarse de brazos cruzados, tenía que hacer algo al respecto.

—Tenemos que avisarle a la gente —dijo con urgencia en la voz—. Hay que pararlos antes de que activen los dispositivos…
Aurnok se quedó en silencio por un momento. Leo continuó:
—Si nos ponemos todos de acuerdo y nos enfrentamos a… ¿Kruok era?... no nos van a poder frenar. Somos demasiados. No podrían…
La voz del extraterrestre resonó en el lugar interrumpiéndolo:
—No serviría de nadia…
—¿Cómo que no?
—No tienen la preparación ni las herramientias para enfrentarsie a Kruok… lo único que lograriamios es generiar pánico en la población mundial.
—¿Pero entonces… estamos sentenciados?
—Por ahoria los únicos que podemios hacer algio somos nosotrios. El boicot de recién va a retrasiar la operación por un tiempio. Mientras tantio seguiremios buscandio maneras de detenerlios. Ya llegará un momentio en el que los humanios deban participiar. Pero no es ahoria.
—¿Pero entonces no puedo hacer nada?
—No todavía. Pero es un caminio larguio. Esto recién empiezia. Por ahoria lo fundamential es regresartie a tu lugar anties de que los seguidories de Kruok te desintegrien.

Aurnok se acercó a la entrada de la caverna y entrelazó sus largos dedos frente a sus ojos. Se mantuvo así por unos instantes, luego se volteó y se dirigió al helado hombre junto al fuego:
—Es el momentio, me informian que la zona está despejadia, fueron a buscarnios por el sector oestie. Es la única oportunidiad que tenemios. Abrigate bien y síguemie.

Leo lamentó tener que alejarse de la cálida llama de la fogata pero sabía que sin Aurnok no sobreviviría ni cinco minutos en aquel inhóspito lugar.

Salieron nuevamente al intenso frío de la nieve y el hielo y emprendieron el camino hacia otro punto de entrada a la base. En ese lugar, le explicó Aurnok, se encontraba otro de los dispositivos de apertura de portales. El anterior ya había quedado comprometido, deberían configurar este para poder utilizarlo.

Llegaron a la entrada del lugar, otro ser similar a Aurnok se hizo a un lado para dejarlos pasar. Evidentemente era quien le había informado que el lugar se hallaba libre, pensaba Leo mientras tiritaba con los labios morados de frio.

Al ingresar, se encontró con que su moto se encontraba allí. ¿Cómo había pasado? No quiso preguntar, lo importante es que allí estaba.

El extraño ser de Júpiter se acercó a los controles y comenzó a reconfigurar las coordenadas de apertura del portal para depositarlo en el mismo sitio del que había partido. Maniobró los controles durante unos instantes y de pronto el portal comenzó a abrirse lentamente delante de ellos con su aspecto de creciente espiral luminosa. En ese instante, un estruendo los sorprendió. El recinto se sacudió y comenzaron a desprenderse trozos de hielo y roca que caían violentamente de la parte superior.

—¡Son los seguidories de Kruok! —gritó Aurnok acercándose rápidamente a Leo— ¡Rápidio, pontie el casquio!
—En fin —dijo el muchacho ante el derrumbe inminente de lugar—… todo muy lindo pero yo me voy yendo.

Tomó el casco que se encontraba colgando del manubrio de la moto y se montó en ella dándole marcha. Esperaba que fallase debido al frío pero por algún motivo el motor encendió. En el umbral de la entrada se acercaban peligrosamente un grupo de seres similares a Aurnok disparando proyectiles sonoros desde las puntas de sus dedos. Los impactos generaban grandes sacudidas y el lugar era cada vez más inestable. Los pedazos de hielo y roca que caían eran cada vez más y más grandes.

El portal ya se encontraba abierto por completo.
—¡Vamios! ¡Tenemios que apurarnios!

Leo aceleró la moto en dirección al espiral luminoso mientras que Aurnok corría detrás de él disparando con sus dedos hacia sus perseguidores.

Los seguidores de Kruok avanzaban contra ellos de manera implacable y sin menguar su furia destructiva ante las respuestas a sus ataques. Cuando los fugitivos estaban a punto de cruzar el portal, un proyectil sonoro impactó con violencia en la parte trasera de la moto, imprimiéndole una velocidad mucho mayor a la que traía. La moto salió disparada hacia adelante cruzando el portal a toda velocidad y seguida de Aurnok. Apenas cruzaron, el portal se cerró inmediatamente. La motocicleta y su conductor tomaron contacto con el asfalto completamente fuera de control. Leo se vio obligado a separarse del vehículo para evitar ser aplastado por éste. Soltó el manubrio y se impulsó con los pies para alejarse del peligro. Se mantuvo en el aire por un breve instante en el que se sintió volar, una sensación indescriptible, llena de adrenalina y felicidad. Sin embargo la gravedad hizo su trabajo y el cuerpo de Leo cayó a un lado de la calle. Aunque su torso y sus piernas cayeron sobre un sector cubierto de pasto, su cabeza fue a dar contra el cordón de la vereda, golpeándolo despiadadamente, partiéndole el casco y abriéndole una herida en el cráneo que salpicaba sangre incesantemente. Aurnok se abalanzó sobre él y pasó su mano alrededor de la cabeza del herido aunque sin tocarlo. El golpe había dejado inconsciente a Leo que se hallaba inmóvil mientras su acompañante continuaba con sus tareas de coagulación del implacable brotar de la sangre y de restauración del tejido. Finalmente consiguió recomponer la estructura ósea y orgánica de la cabeza del muchacho aunque de todos modos no logró revertir los efectos del golpe. Unos instantes después Leo despertó. Se sentía aturdido y desorientado. La cabeza le daba vueltas y la visión era confusa. No comprendía qué era lo le había pasado. Fugaces recuerdos intentaban darle una respuesta pero inmediatamente se desvanecían en el infinito dejándolo atónito y mareado. Al ver cómo reaccionaba, Aurnok retrocedió y se ocultó tras un viejo árbol cercano para observar en qué estado se encontraba. Leo consiguió incorporarse lo suficiente como para quedarse sentado. Se quitó el casco y buscó su teléfono. Intentó llamar a Emiliano, su hermano mayor, pero las palabras no salieron de su boca, no conseguía articular sonidos. Volvió a intentar unos instantes después marcando otro número pero tan solo consiguió balbucear una serie de incongruencias sobre el lugar en el que estaba. Luego se desplomó sobre el pasto.

Aurnok volvió sobre él y le realizó una segunda sesión de curaciones, luego lo cargó junto con el vehículo y los trasladó hasta la casa. Lo dejó allí y le aplicó una pequeña descarga magnética para que despierte. Las curaciones recibidas le dieron una inyección de adrenalina que le permitió tener la lucidez como para tener una pequeña charla con sus padres antes de acostarse.

A la mañana siguiente, después de ver el estado en el que se encontraba la moto, la madre de Leo supo que algo andaba mal. Se acercó a su cama y lo despertó.

—¿Chocaste? —le preguntó alarmada
—No, no choqué —respondió Leo mientras intentaba abrir los ojos—, te juro que no choqué.
—Pero la moto está chocada…
—No, no es mi moto…
—¿Y el dedo? Está lastimado…
—No, eso me lo hice con Gonza en un recital hace un montón…
—Pero ayer no lo tenías…
La madre de Leo cada vez tenía mayor certeza de que algo andaba mal. Lo observó con mayor detenimiento y notó sangre.
—Te sale sangre de la oreja…
—No, esa no es mi oreja, es la de Ezequiel…

La declaración de Leo era contundente, la afirmación de que su propia oreja no era suya sino de su hermano menor evidenciaba el golpe que había recibido.

Inmediatamente lo llevaron al hospital, donde le realizaron una serie de estudios que arrojaron que se encontraba bien pero con fuertes golpes. Se recuperaría, sin embargo, no recordaba absolutamente nada de lo ocurrido en las últimas horas.

Desde la distancia y disponiendo de sus últimos momentos en este sector del planeta antes de que el calor derrita su cuerpo, Aurnok contemplaba la escena. Escondido y acalorado, no quería irse sin asegurarse de que Leo se encontrara bien. Momentos después recibió la señal que le indicaba que el portal se abriría nuevamente. Se retiró hacia éste y lo cruzo mientras pensaba que ya llegaría el día en que Leo recordara lo ocurrido, y ese día se convertiría en un actor fundamental para la defensa de su planeta ante los planes de Kruok.